SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ – Consideración del segundo dolor y gozo de San José

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SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ

Consideración del segundo dolor y gozo de San José

Evangelio

Segundo dolor: Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron (Jn 1,11) 

Dolor 2

Segundo gozo: Fueron deprisa y encontraron a María, a José y al niño reclinado en el pesebre (Lc 2,16)

Gozo 2

Consideración

(Antonio Yagüe Ballester)

        Un suceso inesperado pone los planes de José y María sobre el nacimiento de Jesús en línea con la profecía de setecientos años antes: Belén Efrata, aunque pequeña entre las familias de Judá, de ti saldrá quien será dominador de Israel(Miq 5,1). José y María de la estirpe real de David llegan a empadronarse a Belén cuando se cumplen los días del alumbramiento (Lc. 2,6). José como cualquier padre busca condiciones adecuadas para el nacimiento de su hijo pero no encuentra sitio en la posada (Lc 2,7). Ya entonces comienza a trazarse un patrón de amplio desarrollo histórico: Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron (Jn 1,11).

        Con todo, María dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre (Lc 2,7). Los místicos enriquecen la descripción del momento dentro de un ambiente de profunda oración, entretejida con sentimientos encontrados de gozo y pena, en el que surge una luz celestial que reviste de grandeza la penuria material del lugar. María primero y José después adoran a Jesús recién nacido, lo ofrecen al Padre como verdaderos sacerdotes patriarcales y lo llenan de cuidados amorosos. Luego los pastores traen a la gruta el eco del ejército celestial que alababa a Dios diciendo: Gloria a Dios en el Cielo y en la Tierra paz a los hombres de buena Voluntad (Lc 2, 13-14). Y con ello, los productos de su rebaño, leche, queso y pieles, que ponen calor humano a aquellos momentos entrañables. Sus miradas limpias y sus corazones generosos y sencillos suplen la frialdad del lugar y el dolor que produjo la dureza de otros corazones ciegos. En esos humildes pastores queremos vernos reflejados para agradecer a José y María su entrega a los planes de Dios y dar a Jesús un primer beso ardiente y emocionado.

            María y José guardaban en su corazón el secreto sobre quien era aquel Niño. Con ellos tan solo unos pocos pastores, cuatro ancianos y tres sabios astrónomos de lejanas tierras supieron que Dios se había encarnado y ya estaba en la Tierra. Las promesas divinas iniciadas en el Paraíso terrenal, lo que Israel esperaba durante siglos, comenzaba a cumplirse en oculto a los ojos del mundo, ocupado en cosas aparentemente más importantes. La grandeza de Dios, hoy como entonces, gusta ocultarse tras lo pequeño y humilde de nuestras vidas ordinarias. 

            Dios había previsto que la casa de José se trasladara para el nacimiento de Jesús a Belén, nombre que significa “casa del pan”. Años después Jesús instituye la Eucaristía, el milagro por el que su humanidad y divinidad se transubstancian en las especies sacramentales de pan y vino, para ser alimento de nuestras almas y compañía en nuestra vida. José, cuyo nombre aparece por primera vez en la Sagrada Escritura como guardián de los graneros de Egipto en tiempos de hambre, fue el custodio de Jesús en Belén y lo es hoy de los Sagrarios, patrono y ejemplo para los sacerdotes en el cuidado material a Jesús.

Gozo 2

San José, icono del Padre y Patrono de las familias, ruega por nosotros.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.